Una mujer de 68 años, Carmen Rosas Lorenzo, continúa obteniendo su ingreso económico mediante la venta de dulces en la avenida Costera Miguel Alemán de Acapulco, específicamente frente a la playa Tamarindos, actividad que afirma le proporciona no solo recursos sino también energía y propósito.
Una rutina entre el tráfico
Su jornada inicia entre las 10 y 11 de la mañana, recorriendo el arroyo vehicular para ofrecer su mercancía a los conductores detenidos en el semáforo. La vendedora explicó que eligió ese punto porque en la playa le cobran por trabajar, mientras que en la vía pública es libre. Ha desarrollado la habilidad de anticipar los cambios de la señalética para aproximarse a los autos de manera segura, asegurando que en todos sus años de labor nunca ha sufrido un accidente.
Independencia y apoyo gubernamental
Rosas Lorenzo comentó que ser beneficiaria del programa de Pensión para el Bienestar ha aligerado su situación económica. «Cuando pagan el programa compro mercancía y la vendo, así tengo unos pesos más», señaló. Aunque sus familiares le sugieren que deje de trabajar y descanse, ella sostiene que se cansa más estando en casa que realizando su actividad en la calle.
Motivación más allá del ingreso
Para doña Carmen, esta labor trasciende lo económico. «Aquí agarro vida, el sol me da energía, la brisa del mar me da serenidad, mis compañeros vendedores me dan ánimos y ustedes que me van a comprar me dan monedas para comer», expresó. Añadió que disfruta de caminar y vender, a pesar del desgaste físico. Su actividad se limita de viernes a domingo, dedicando el resto de la semana al descanso en su hogar.