Bodegas espirituanas en crisis: la autogestión como posible salvavidas ante anaqueles vacíos y ventas ínfimas

Las bodegas en Sancti Spíritus atraviesan una situación crítica que ha llevado a sus trabajadores a pasar largas jornadas con los estantes prácticamente vacíos, mientras las ventas diarias en algunos locales no alcanzan los 20 pesos, salvo cuando llega el pan normado, lo que eleva la cifra a unos 3 mil pesos. Ante este panorama, especialistas y el propio gremio plantean la urgencia de implementar alternativas como la autogestión, el arrendamiento de espacios a mipymes y la adopción del comercio electrónico para rescatar el valor comercial de estos establecimientos.

Las cerca de 600 bodegas que existen en la provincia espirituana, que antes fungían como puntos de encuentro vecinal y ejes de la distribución de la canasta básica, han quedado reducidas a una especie de zona muerta. La práctica desaparición de la canasta familiar normada ha dejado como único ofrecimiento recurrente el pan —cuando es posible producirlo—, la leche para niños pequeños y dietas médicas, además de algún producto ocasional para personas vulnerables. La libreta de abastecimientos, ese documento que durante décadas rigió el consumo de los cubanos, lleva meses sin uso en muchos hogares, lo que genera dudas sobre su sentido de existir.

El declive de un símbolo barrial

Lo que antaño era un sitio de tertulia y socialización —donde se comentaban desde los chismes del barrio hasta los vaivenes de la política internacional, incluidos los desmadres de Trump— hoy es un espacio de silencio. Los bodegueros pasan las horas muertas mirando el celular, tratando de buscar señal o pasando niveles de un juego, mientras esperan que llegue la hora del cierre. La imagen de estanterías repletas, que aún añoran los mayores, contrasta brutalmente con los anaqueles desiertos de la actualidad.

A pesar de esta realidad, las bodegas sobreviven, pero sin valor comercial ni de mercado. Conviven con otros puntos de venta, mipymes y cuentapropistas, pero su función social se ha diluido. La reportera Carmen Rodríguez, especializada en temas económicos, señala que sin otra fuente de abastecimiento para esas unidades, no está de más pensar en alternativas como arrendar una parte a mipymes —lo que generaría ingresos adicionales para Comercio—, incrementar la autogestión por parte de las administraciones, retomar la creatividad y buscar productividad para satisfacer necesidades básicas de la población, evitando así que los vecinos tengan que desplazarse para adquirir productos que podrían estar en las propias bodegas.

Alternativas para un rescate necesario

Entre las opciones que se barajan destaca también la implementación del comercio electrónico a través del servicio de caja extra, aunque esto solo sería viable si se logran vender altos niveles de productos. De esta manera, las bodegas espirituanas podrían ponerse a tono con las transformaciones económicas y sociales aprobadas recientemente en el país, que en el ámbito del Comercio Interior buscan rescatar el servicio en muchos de esos establecimientos.

Los comentarios de los lectores reflejan la desazón general. Lucas Pentón González señala que ya hasta los locales se han entregado para viviendas de trabajadores o en arrendamiento, y considera que no hay forma de sostener ni lo más sagrado que fue la bolita de pan, calificándolo como muestra de la ineficiencia del llamado modelo económico. Por su parte, Luis Gómez ironiza sobre la aceptación del regreso a la caverna, contrastando la realidad cubana con el avance mundial hacia mini-mercados, supermercados y mega centros, y concluye que el artículo reconoce implícitamente un retroceso.

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