El respaldo del gobierno de Gabriel Boric a Michelle Bachelet para ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas ha generado críticas por su manejo deficiente y falta de estrategia. La decisión, tomada sin amplia concertación, ha sido calificada como una movida torpe en el ámbito internacional, al carecer de apoyos clave y confrontar directamente a figuras influyentes como Donald Trump.
Falta de consensos y tensiones internacionales
Para que una candidatura prospere en la ONU, debe contar con el respaldo de al menos nueve miembros del Consejo de Seguridad, sin que ninguno de los cinco países permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— la veto. Sin embargo, el gobierno chileno no solo postuló a Bachelet sin construir respaldos previos, sino que lo hizo en un contexto de tensiones con Estados Unidos, especialmente por las críticas públicas de Boric hacia Trump, quien ya mostró desconfianza hacia la expresidenta chilena durante su gestión como Alta Comisionada de Derechos Humanos.
Lejos de suavizar el escenario, el gobierno sumó el apoyo de Brasil y México —ambos liderados por figuras con las que Trump mantiene relaciones tensas—, lo que podría fortalecer la resistencia estadounidense a la candidatura.
«Es más fácil trabajar con personas afines ideológicamente, y la izquierda propondrá a personas con las que cree que puede trabajar, mientras la derecha también propondrá a personas con las que cree que puede trabajar mejor. Es más fácil hacerlo con quienes comparten los mismos objetivos»
, afirmó el embajador estadounidense en Chile, evidenciando el sesgo político que ahora domina la discusión.
Obstáculos internos y división política
Dentro de Chile, la postulación también enfrenta resistencia. José Antonio Kast, líder de la oposición, difícilmente podría respaldar a Bachelet, con quien ha tenido múltiples enfrentamientos políticos. Para un sector importante de su electorado, Bachelet representa decisiones impopulares: la reforma tributaria, la apertura migratoria, la inclusión del Partido Comunista en el gobierno, su cercanía con figuras como Fidel Castro, su respaldo al primer proceso constituyente y su apoyo a Jeannette Jara, contrincante de Kast en elecciones anteriores.
Además, la postulación se ha convertido en un símbolo del multipartidismo que, según sus críticos, generó ingobernabilidad en el Congreso. Kast no obtiene beneficio político alguno al respaldarla, y todo indica que su posición será de rechazo.
Una estrategia condenada al fracaso
Al impulsar la candidatura de Michelle Bachelet sin construir apoyos transversales, ni en el escenario internacional ni en el doméstico, el gobierno de Boric ha transformado una designación diplomática compleja en una batalla ideológica de izquierda contra derecha. Esta lógica polarizada, lejos de fortalecer la postulación, la expone a un casi seguro rechazo por parte de Estados Unidos y limita su posibilidad de generar consensos. Las condiciones actuales hacen poco probable que la iniciativa tenga éxito, y más bien refuerzan la percepción de una gestión improvisada y carente de visión estratégica.