El regreso fallido de la derecha: entre el odio y la falta de propuestas

Los ataques de la derecha contra el gobierno de la Transformación se han vuelto cada vez más frecuentes y reveladores. En plataformas digitales, especialmente en X, se multiplican las ofensivas orquestadas por múltiples voces que se dedican a descalificar sin pausa. Estos embates, cargados de animadversión, no persiguen un objetivo constructivo, sino simplemente el desprecio por el desprecio, sin aportar ideas ni propuestas de fondo. Ante este panorama, surge una interrogante ineludible: ¿por qué insisten en retomar el poder?

La farsa del gobierno experimentado

El PRI y el PAN han repetido constantemente que ellos sí saben gobernar, presumiendo que su «experiencia» los coloca por encima de lo que consideran morenistas improvisados. Al sumar a este discurso una estrategia mediática agresiva en redes, pareciera que su intención de regresar al gobierno es genuina. Sin embargo, gobernar no se trata solo de aspirar al poder, sino de construir un proyecto serio, sustentado en análisis, estudio y propuestas concretas que permitan al ciudadano evaluar su capacidad real de administrar el Estado.

En el caso de la derecha mexicana, no existe tal proyecto. No han presentado una visión clara sobre cómo mejorar al país, ni han logrado unificar sus intereses particulares en un programa coherente. Lo único que los une hoy es la animosidad hacia quienes, desde su punto de vista, les arrebataron sus antiguos privilegios.

El legado de la miseria

Quienes hoy se autoproclaman expertos en gobernanza son los mismos que, durante sexenios consecutivos, sumieron al país en la pobreza, la desigualdad y la violencia. Fueron ellos quienes recurrieron al endeudamiento para sostener gastos innecesarios y quienes permitieron que las riquezas naturales del país —como hidrocarburos, plata, zinc y litio— fueran entregadas o vendidas a intereses extranjeros. Las concesiones mineras otorgadas en la era neoliberal fueron prácticamente sin límites, a pesar de la riqueza mineral de México.

También impulsaron la privatización de la salud, transformando un derecho constitucional en un negocio rentable para unos cuantos. Para ellos, el bienestar público siempre estuvo subordinado al beneficio privado.

El reconocimiento forzado de Fox

«sí, que debió subir los salarios pero que le hizo caso a un séquito de empresarios que le dijeron que no se podía sin tener consecuencias graves en la economía»

Este reconocimiento del ex presidente Fox no es más que la admisión de que, bajo su gobierno, el poder económico, no el pueblo, tomaba las decisiones. Revela que su política económica privilegió a un reducido sector y demostró una clara desconexión con las necesidades de la mayoría.

El verdadero propósito

Su verdadero interés no es gobernar para transformar, sino continuar con el saqueo. Su estrategia principal no es construir, sino desacreditar: utilizar mentiras y campañas de desprestigio para debilitar al gobierno actual. Afirmar que «sí saben gobernar» resulta, en este contexto, risible o indignante, pero nunca creíble. Son hábiles en la manipulación, pero el pueblo ya conoce sus verdaderas intenciones.

Por todo ello, su regreso al poder no es posible: no solo por su falta de propuestas, sino porque han demostrado una visión obtusa, mentirosa y profundamente interesada. Su fracaso económico y social es evidente, y por eso no volverán a gobernar.

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