Un análisis reciente, inspirado en las enseñanzas de Nicolás Maquiavelo, cuestiona la práctica del engaño en la comunicación política del gobierno mexicano al contrastar sus promesas de transparencia con casos recientes donde se negó o minimizó información a la ciudadanía.
La aplicación práctica de la filosofía política
La obra de Maquiavelo, frecuentemente malinterpretada, no justifica la mentira sino que subraya la necesidad de realismo y estrategia en el ejercicio del poder. Su enfoque práctico, según el análisis, debería servir para manejar las crisis con inteligencia, no para ocultarlas.
Casos de negación gubernamental
El texto recuerda el incidente de abril de 2024 en la alcaldía Benito Juárez, donde vecinos reportaron agua contaminada con olor a gasolina o insecticida. Inicialmente, la instancia gubernamental Infodemia declaró que la denuncia era falsa, aunque posteriormente el gobierno de la Ciudad de México confirmó la contaminación.
Asimismo, se menciona el derrame de petróleo en el golfo de México, que tras más de dos meses fue finalmente reconocido por las autoridades como una fuga en instalaciones de Pemex en el complejo Cantarell, ubicado en la Sonda de Campeche.
Otros ejemplos de opacidad
La columna también señala que, a través de Infodemia, el gobierno federal negó la presencia de una mujer tomando el sol en Palacio Nacional durante una protesta de la CNTE en el Zócalo el pasado 18 de marzo. Por otra parte, la gobernadora de Veracruz fue acusada de minimizar el impacto de un derrame de hidrocarburos asociado a un barco petrolero en Tabasco, aunque finalmente se admitió que la causa fue una fuga en un oleoducto.
Reflexión final sobre la ética en el poder
El análisis concluye citando a Maquiavelo: «La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor», pero recalca que en ningún lugar su obra avala la mentira. Finalmente, se hace referencia a la acción de Marcelo Ebrard al reconocer que su hijo vivió seis meses en un apartamento de la embajada mexicana en Inglaterra a costa del erario, señalando que dicho acto, más que una mentira, evidencia un desconocimiento de la Ley General de Responsabilidades Administrativas y una confusión entre gobernar para servir y servirse a sí mismo.