En una entrevista para la revista CHRISTUS, la escritora y ensayista Yolanda Ramírez Michel exploró la categoría de lo femenino dentro de la mística cristiana, argumentando que su presencia es más profunda y estructural de lo que comúnmente se admite. La experta, con una trayectoria de veinticinco años en el cruce entre literatura, hermenéutica y psicología profunda, sostiene que la tradición contemplativa necesitó del lenguaje y la simbología femenina para expresar experiencias espirituales de recepción radical y gestación interior.
Raíces escriturales y desarrollo histórico
Ramírez Michel señaló que las raíces de esta simbología se remontan a la Hokmah o Sabiduría en el Antiguo Testamento, una figura gramatical y teológicamente femenina. Explicó que, con la traducción al griego y la masculinización del Logos en el Nuevo Testamento, esta tensión no desapareció, sino que se desplazó hacia la esfera de lo místico. En el cristianismo siríaco primitivo, recordó, el Espíritu Santo (Ruha d-Qudsha) era tratado con atributos maternales explícitos.
La investigadora destacó que, metodológicamente, lo femenino opera en la mística como una categoría epistemológica esencial, no meramente simbólica. Figuras como Meister Eckhart, quien hablaba del alma como ‘Mutter’ (madre) que da a luz al Verbo, o Bernardo de Claraval, utilizaban un lenguaje que iba más allá de lo poético para constituir decisiones hermenéuticas profundas.
Jesús como Madre y místicas medievales
Al abordar el simbolismo de Jesús como Madre Universal, la entrevistada identificó dos raíces convergentes: una escritural, basada en la herida del costado de Cristo interpretada como un parto, y otra devocional, visible en las oraciones de Anselmo de Canterbury en el siglo XII. Este lenguaje, afirmó, constituye una teología encarnada donde el dolor del parto y la leche materna son signos para describir la salvación.
Ramírez Michel situó a Juliana de Norwich, teóloga del siglo XIV, como la figura que sistematizó esta doctrina de la maternidad divina como un atributo trinitario. Para Juliana, explicó, la eucaristía se equipara a un acto de lactancia, donde Cristo-Madre alimenta a sus hijos con su propia carne y sangre.
La herida como umbral y resignificación del dolor
La conversación también abordó la herida de Cristo como un símbolo rico y un umbral entre mundos. En la devoción medieval tardía, esta herida era concebida como un lugar de refugio y morada. Desde esta perspectiva, la entrevistada propuso una resignificación del dolor humano: no como castigo o prueba, sino como el momento en que la persona se vuelve porosa y vulnerable, condición para la experiencia mística auténtica.
Finalmente, Yolanda Ramírez Michel, quien también es directora de Publicaciones de Editorial Salto Mortal y fundadora del espacio Trithemius, reflexionó sobre el legado de las místicas medievales como Hildegarda de Bingen, Mechtilda de Magdeburgo y Margarita Porete, para quienes la corporalidad femenina fue el punto de partida natural de su pensamiento teológico y experiencia contemplativa.