Batallón militar chileno brindó auxilio tras terremoto histórico en Valdivia en 1960

En mayo de 1960, tras un devastador sismo en Valdivia, Chile, un grupo de 304 jóvenes soldados de la Escuela de Suboficiales de Infantería de San Bernardo fue enviado a la zona para asistir a los damnificados, siendo posteriormente reconocidos como el Batallón de Hierro.

La misión humanitaria

La misión principal de estos militares consistió en evacuar las áreas de riesgo ante la amenaza de inundación del lago Riñihue y establecer campamentos de emergencia para los afectados, quienes habían perdido sus hogares.

Óscar Silva, uno de los soldados que participó en la operación, rememoró que antes de partir, el general Manuel Montt Martínez les advirtió sobre las dificultades que enfrentarían, instándolos a recordar que los residentes de Valdivia sufrían condiciones aún más extremas.

La experiencia de los sobrevivientes

Desde la perspectiva de los residentes, como Estela Reyes, entonces una niña, el terremoto transformó su entorno en un paisaje acuático. Ella relató que fue un soldado, con el agua a la cintura, quien la cargó junto a su madre para sacarlas de su casa y subirlas a un camión con destino a los refugios temporales, conocidos como ‘rucos’.

Estos refugios, construidos por los militares con madera, zinc y planchas de cholguán, se convirtieron en el nuevo hogar para muchas familias. Para los niños, vivir allí era ‘como vivir en el bosque’, según la descripción de Reyes, quien destacó cómo la solidaridad floreció entre los vecinos en medio de la precariedad.

Legado de servicio

El trabajo del batallón fue intenso y se extendió por meses. Establecieron los campamentos Krahmer, Huachocopihue 1 y 2, y Menzel. Los soldados también organizaban actividades para los niños y mantenían el orden en los asentamientos, prohibiendo el alcohol y exigiendo condiciones sanitarias.

Su partida, el 8 de agosto de 1960, fue emotiva, con las familias organizando comidas de despedida para quienes ya consideraban como hermanos. Silva reflexionó sobre la experiencia diciendo: ‘Vimos el horror, pero elegimos ser luz’.

La historia de este grupo se mantiene como un símbolo de ayuda humanitaria y resiliencia en la ciudad de Valdivia, recordando que incluso en la devastación, la voluntad de servir puede prevalecer.

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