Un colaborador de medios de comunicación, con antecedentes en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), escribió una columna de opinión en la que compara sus vivencias durante los mundiales de fútbol de 1970 y 1986 con el próximo torneo de 2026, que México coorganiza. A través de sus recuerdos personales, el autor dibuja un contraste entre la situación del país en aquellas décadas y la actual.
Recuerdos de una infancia segura
El texto comienza con la evocación de su primer mundial, vivido a los seis años en 1970, cuando su familia adquirió una televisión a color para seguir el evento. Recuerda la inauguración presidida por Gustavo Díaz Ordaz en el Estadio Azteca y la derrota de México ante Italia. Describe una infancia donde podía jugar fútbol en la calle con sus amigos en la colonia La Paz de Puebla, algo que atribuye a una época con menos inseguridad, y menciona paseos junto al río Atoyac cuando sus aguas eran transparentes.
Transición hacia la crisis
Para el mundial de 1986, ya era universitario y asistió a partidos en el Estadio Cuauhtémoc en Puebla. Sin embargo, señala que después de ese evento, el país enfrentó una serie de crisis económicas. Menciona el impacto del sismo de 1985, el colapso petrolero, una deuda externa que superaba los 100 mil millones de dólares y la posterior hiperinflación de 1987, que llegó al 180 por ciento anual. El autor atribuye estos problemas a la llegada de gobiernos neoliberales del PRI y del PAN.
Un presente marcado por contrastes
Al abordar el próximo mundial de 2026, el columnista afirma que el PRI y el PAN ya no gobiernan. Señala que, si bien organizar un tercer mundial es un hito histórico, el evento llega en un momento de «profunda fractura social, incertidumbre económica y desafíos de seguridad». Escribe que para los mexicanos el torneo representa un alivio temporal y un motivo de orgullo, pero también resalta la contradicción entre la millonaria inversión deportiva y las carencias diarias de la población.
Finalmente, el autor menciona que desde 2018 gobierna la izquierda y, aunque reconoce que falta mucho por hacer, expresa la esperanza de que las cosas mejoren y se construya un país mejor, recordando el lema «por el bien de todos, primero los pobres».