Resultados en Coahuila demuestran la fuerza de la organización política local sobre las marcas partidistas nacionales

En las elecciones intermedias de Coahuila, la participación ciudadana alcanzó el 50.7%, una cifra significativamente superior al 39% registrado en los comicios de medio término de 2020, lo que refleja un caso particular en el contexto electoral del país.

La fuerza de las estructuras locales

El triunfo del PRI, que se adjudicó la totalidad de los distritos locales en disputa, se atribuye a la operación histórica y funcional de las estructuras de organización política dentro del estado, las cuales han demostrado ser efectivas y están bien engranadas. Este resultado dista de ser una victoria que pueda ser reclamada por la marca partidista a nivel nacional, tal como intentó hacer el dirigente del PRI Nacional, ya que en realidad fue el PRI Coahuila, enfocado en dar respuestas a los habitantes de la entidad, el que logró la victoria.

Estrategias en contraste

Un aspecto clave del proceso fue que los votantes no se vieron forzados a elegir entre un gobierno federal poderoso y un gobierno local con historial de respuesta, pudiendo tener ambos sin una confrontación mayor, gracias a que el PRI local ejecutó una narrativa de complementariedad desde su eslogan de gobierno: “Pa’ delante Coahuila”. Por el contrario, la apuesta del PAN se centró en la confrontación y el contraste como argumento, lo que lo dejó fuera de la conversación electoral y le hizo perder registro, ya que el contraste sin beneficios tangibles difícilmente convence al electorado que vota desde lo cotidiano.

Reflexiones para el futuro político

El dirigente nacional panista reconoció explícitamente que es necesario reconstruir desde dentro y fortalecer la identidad del partido. A un año de las elecciones donde se definirán 17 gubernaturas, el margen de error para el PAN se reduce si aspira a mantener su autoproclamación como la “oposición más importante de México”. La pregunta que surge tras lo ocurrido en Coahuila no es si el partido puede sobrevivir, sino si puede transformarse a nivel nacional en el tiempo que le queda.

La participación superior al 50% sugiere una condición consistente: cuando las estructuras están blindadas y el mensaje no obliga a la ciudadanía a tomar partido en una pugna de cúpulas, la sociedad participa más. Los coahuilenses mostraron que su interés no está en las marcas abstractas, sino en la rentabilidad que estas tienen en la vida diaria.

Otro contraste evidenciado es que la lucha por espacios de poder la tienen los partidos, no los ciudadanos, y convertir este conflicto en el eje de la comunicación política suele tener un costo: que dejen de escucharte. Coahuila generó las condiciones para que la política fuera percibida como algo útil. Quizás la lección replicable a nivel nacional de este ejercicio electoral sea no perder de vista que no existe sustituto para las estructuras fuertes y organizadas a la hora de construir mensajes asertivos, útiles y que lleguen a la mayoría del electorado.

La organización blindó la marca PRI del contexto nacional. El mensaje, centrado en resolver lo cotidiano y mantener lo que funciona, construyó la mejor oferta de continuidad para el gobierno estatal.

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