El Partido Acción Nacional (PAN) atraviesa una severa contracción en su presencia legislativa a nivel estatal. Con apenas 157 diputados locales, que equivalen al 13.9% del poder de voto en los congresos del país, la fuerza del blanquiazul se encamina a una reducción adicional, hasta el 13.4%, luego de su derrota electoral en Coahuila. En entidades como Oaxaca y Tabasco, el partido ni siquiera tiene representación.
El golpe más reciente llegó desde Coahuila, donde el PAN obtuvo apenas el 2.19% de la votación. Esa debacle le costó cinco escaños de mayoría —que se suman a su ya menguada bancada— y, además, no consiguió ningún diputado plurinominal en esa entidad. Tras la elección, el partido pasará a tener 79 legisladores de mayoría y 73 plurinominales, un retroceso que evidencia su creciente irrelevancia en el mapa legislativo local.
Panorama desolador frente al PRI
En comparación con el PRI, que también enfrenta una crisis profunda con solo 89 legisladores estatales, el PAN aún conserva un número superior de diputados. Sin embargo, la diferencia no oculta su propio declive: el partido ha perdido terreno en territorios que antes consideraba bastiones. Aunque cuenta con un millón de afiliados, su capacidad para movilizar el voto ha resultado insuficiente para frenar la hemorragia de escaños.
Bastiones frágiles y desafíos futuros
Aguascalientes se mantiene como el principal reducto del PAN, con 15 legisladores, pero en estados clave como Chihuahua y Guanajuato el partido carece de la mayoría absoluta necesaria para impulsar su agenda sin depender de alianzas. Esta fragmentación interna y la pérdida de control en los congresos locales anticipan un panorama complejo de cara a las elecciones federales y estatales del próximo año.
La representación legislativa del PAN se ha convertido en un termómetro de su viabilidad electoral. Con una presencia cada vez más acotada, el partido enfrenta el reto de revertir la tendencia o resignarse a un papel secundario en la política mexicana.