Lo que comenzó como un pequeño despacho de pan para enfrentar las crisis económicas de los años 80, se ha transformado en La Panificadora, un referente de la zona norte de La Plata con múltiples sucursales y una plantilla de más de cuarenta trabajadores. Este emprendimiento, nacido de la necesidad de una familia de inmigrantes portugueses, ha logrado sobrevivir a décadas de inestabilidad económica y cambios demográficos en Villa Elisa.
Raíces de esfuerzo y migración
La historia de este negocio está ligada al sacrificio de Álvaro De Jesús Tomaz y su familia, quienes llegaron desde Portugal en la década de los 50 huyendo de la escasez. Tras años de trabajar en las quintas de la región, donde la supervivencia dependía de la ayuda mutua y el trabajo arduo en el campo, la familia decidió dar un giro hacia el comercio de alimentos. En 1989, aprovechando la oportunidad de un despacho de pan, Álvaro y su socio Eduardo iniciaron un proyecto que, aunque empezó con maquinaria usada y sin conocimientos previos del oficio, se cimentó en la perseverancia.
Durante los años de mayor crisis inflacionaria en Argentina, el negocio logró posicionarse al distribuir pan en comedores de grandes empresas industriales de la zona, como Alpargatas y Peugeot, además de establecer vínculos con comercios locales. Este crecimiento permitió que la panadería no solo fuera un sustento familiar, sino un motor de empleo en la localidad.
Innovación y diversificación ante la crisis
El modelo de negocio no siempre fue el mismo. Inicialmente, la producción se limitaba al pan básico, pero la necesidad de adaptarse a los cambios del mercado y a las crisis económicas obligó a la familia a diversificarse. Un momento clave fue la incursión en la pastelería, gracias a la enseñanza de expertos que les transmitieron la importancia de la calidad y el detalle en los productos.
«Teníamos mucha mano para hacer terminaciones, era muy riguroso, nos cagaba a pedos»
Esta disciplina permitió que productos como los scones, inspirados en recetas internacionales y adaptados por Cristina Jacinto, se convirtieran en el sello distintivo de la marca. A pesar de haber cerrado sucursales en otras zonas debido a costos de logística y alquileres, la empresa se ha concentrado en fortalecer su presencia en Villa Elisa, manteniendo su esencia artesanal.
El relevo generacional
Actualmente, La Panificadora enfrenta el reto de la transición hacia las nuevas generaciones. Los hijos de los fundadores, como Matías y Marcos, han comenzado a asumir roles administrativos y operativos, integrando herramientas modernas de gestión para asegurar la continuidad del legado. El desafío para la familia Tomaz es mantener la calidad que los caracteriza mientras modernizan el negocio para los tiempos actuales.