Un trágico descarrilamiento del Tren Interoceánico ocurrido el 28 de diciembre dejó un saldo de 14 personas fallecidas y 97 heridas, exponiendo las graves deficiencias técnicas y los actos de corrupción en una obra que fue promovida como un hito histórico del gobierno anterior, a un costo de 60 mil millones de pesos —tres veces más que el presupuesto inicial—. Menos de un año después de su puesta en marcha, el sistema ferroviario reveló su precaria infraestructura y sus decisiones de diseño cuestionables.
Obra sobrevaluada y con riesgos evidentes
Desde su concepción, el proyecto fue cuestionable: se optó por utilizar viejos trenes canadienses, con entre 20 y 40 años de antigüedad, fabricados exclusivamente para transporte de carga y nunca pensados para pasajeros. Estas unidades, simplemente repintadas, fueron incorporadas al servicio sin cumplir con las normas de seguridad actuales. A ello se suma el uso de vías antiguas que no fueron rediseñadas ni adecuadas para soportar el doble uso —carga y pasajeros—, sino solo remozadas con materiales de baja calidad, lo que incrementó los peligros operativos desde el inicio.
«No cumplen con los estándares actuales de seguridad, ni fueron diseñadas para operar en vías compartidas entre carga y pasajeros, lo que representa un riesgo estructural»
Manipulación en las investigaciones oficiales
El primer informe emitido por la Fiscalía General de la República (FGR), bajo la dirección de la doctora Ernestina Godoy, ha sido señalado como un intento burdo por encubrir las verdaderas causas del accidente. En lugar de investigar las fallas técnicas y estructurales, la fiscal morenista adoptó una estrategia tradicional en la justicia mexicana: la creación de culpables simbólicos. Se detuvo al maquinista Felipe de Jesús Díaz Gómez —quien contaba con una licencia vencida— y al jefe de despachadores Ricardo Mendoza Cerón, a quien incluso se presentó erróneamente como parte de la tripulación, cuando en realidad viajaba como pasajero.
Las dos personas están recluidas en el penal de Cintalapa, Chiapas, mientras sus familiares denuncian su utilización como «chivos expiatorios» para desviar la atención de los verdaderos responsables. La expareja de Mendoza, Gloria de los Ángeles, difundió audios en los que él menciona que varios trenes del sistema presentaban fallas en los frenos y que eran «máquinas viejas que solo las pintaron» para dar una falsa imagen de modernidad.
Conclusión técnica contradice versión oficial
Un análisis independiente elaborado por especialistas de la Universidad Iberoamericana, titulado El tren interoceánico: radiografía de una falla y responsabilidad ética y coordinado por el Dr. Manuel del Moral Dávila y el Mtro. Agustín Ortega García, concluyó que el accidente era «un hecho previsible derivado de fallas técnicas, deficiente planeación y decisiones estructurales incompletas». El informe señala que se priorizaron plazos políticos por encima de estudios técnicos esenciales, particularmente en zonas de complejidad geográfica elevada.
Además, la operación del corredor ferroviario está a cargo de la Secretaría de Marina, una institución sin experiencia en transporte ferroviario, lo que agrava aún más los riesgos. El informe de la Ibero contrasta fuertemente con la versión simplista de la FGR, que insiste en atribuir la tragedia únicamente al «exceso de velocidad», ignorando factores técnicos, de diseño y de corrupción sistémica.
Encubrimiento político y responsabilidades ocultas
Tras las investigaciones oficiales manipuladas, comienzan a emerger evidencias que desmontan la narrativa gubernamental. Se protege a altos funcionarios como Gonzalo López Beltrán, identificado como el «supervisor honorario» del proyecto, y se busca salvar a la dependencia naval de cualquier responsabilidad. La administración de la doctora Sheinbaum y su fiscal cercana parecen más interesadas en ocultar la corrupción y la ineptitud que en esclarecer los hechos.
El uso de materiales inadecuados, la conversión improvisada de un tren de carga en uno mixto y la incorporación de maquinaria obsoleta conforman un escenario de alto riesgo que ya ha cobrado sus primeras víctimas. Mientras tanto, los verdaderos responsables permanecen dentro del aparato político, y los trabajadores ferroviarios son señalados como culpables de una tragedia que, según los expertos, era evitable y previsible.