La psicóloga clínica Viviana Román analiza la tendencia de las personas a conformarse con afectos mínimos en sus relaciones, un fenómeno denominado como conducta «migajera». Este comportamiento se caracteriza por la aceptación de sobras emocionales, ya sea por parte de quien entrega el afecto de manera intermitente o de quien lo recibe sin exigir reciprocidad.
Según la especialista, el término «migajera» posee una ambigüedad que varía según la edad: en adultos se refiere al individuo tacaño que da cariño a cuentagotas, mientras que en los jóvenes describe a quien se conforma con lo mínimo para mantener un vínculo. Este patrón se identifica como un mecanismo de supervivencia derivado de carencias afectivas previas, lo que genera un apego ansioso y una dinámica de refuerzo similar a una adicción.
Dinámicas de género y desequilibrio emocional
Aunque los estudios indican que la mendicidad afectiva no distingue géneros, en la práctica clínica se observa una mayor incidencia en mujeres, representando el 70% de los casos frente al 30% de los hombres. Este fenómeno se vincula a una educación histórica orientada al rol de cuidadoras, lo que lleva a muchas mujeres a intentar cambiar el desinterés de sus parejas mediante la paciencia.
La combinación de un «mezquino emocional» —quien provee afecto de forma escasa— con un «receptor» que acepta lo poco que recibe, crea una pareja ideal para el vacío emocional. Este ciclo se mantiene mediante justificaciones como la falta de tiempo de la otra persona o el miedo al abandono.
Herramientas para la responsabilidad afectiva
Para romper con este ciclo, se proponen estrategias basadas en la autogestión y la claridad de límites. Entre las recomendaciones para evitar la dependencia emocional se encuentran:
- Apego: Identificar los hilos invisibles que causan la necesidad de mendigar afecto.
- Culpabilidad: Evitar el autoazote y separar la responsabilidad real de la propia.
- Expectativa: Aprender a abrazar la imperfección sin abandonar los sueños.
- Silencio: Buscar espacios de introspección lejos del ruido digital.
El análisis concluye que la solución reside en la responsabilidad afectiva y la búsqueda de reciprocidad. Se enfatiza que la terapia es una herramienta clave para quienes buscan dejar de aceptar sobras y aspirar a una presencia real en sus vínculos.