José Antonio, de 58 años y con una discapacidad física, trabaja diariamente como acomodador y vigilante de coches en la calle Hernán Cortés del fraccionamiento Magallanes en Acapulco, realizando turnos que se extienden hasta diez horas.
Una rutina de esfuerzo constante
Desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, permanece bajo condiciones de calor extremo, auxiliando a los conductores para estacionarse y supervisando los automóviles para prevenir hurtos o incidentes. “Yo aquí llego desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde”, afirma.
Originario de la comunidad de Pedregoso, se desplaza cada día para cumplir con su labor, sosteniendo que prefiere generar ingresos mediante el trabajo antes que depender de la caridad.
Reconocimiento variable y desafíos climáticos
Comenta que mientras algunos usuarios aprecian su servicio y le otorgan propinas, otros simplemente lo ignoran. “Hay unos que te dan buena propina, otros no dan nada; unos te dan un peso, unos centavos, pero es bueno, lo que den es bueno. Hay otros que mejor cierran la ventanilla y ni las gracias dan”, señala.
Algunos conductores han depositado su confianza en él, dejando incluso sus vehículos sin cerrar bajo su custodia. Las altas temperaturas lo obligan a destinar parte de su dinero en agua para hidratarse. Su mayor preocupación, sin embargo, son los días de lluvia, ya que opta por no asistir para evitar accidentes. “Cuando llueve no vengo, porque me resbalo y para evitar un accidente mejor no salgo”, explica.
Su historia ejemplifica la determinación de muchas personas que enfrentan adversidades con perseverancia y dedicación al trabajo.