Un nuevo acuerdo ha prorrogado la tregua entre Israel y el Líbano por 45 días, en un escenario donde el país libanés, descrito como secuestrado por una milicia proxy iraní, enfrenta una profunda crisis de gobernabilidad.
El contexto libanés
La nación, otrora conocida como la ‘Suiza del Medio Oriente’, es ahora calificada en el análisis como ‘Hezbolandia’, un territorio donde la población vive bajo el temor constante y la frecuente destrucción. Esta situación se atribuye a un acuerdo electoral centenario que ya no refleja la demografía ni la realidad actual del país.
Este Líbano, incapaz de gobernarse a sí mismo o de imponer orden, es la contraparte con la que Israel debe negociar. Se trata de uno de los siete frentes abiertos y activos que se gestionan desde el 7 de octubre de 2023, si no es que desde antes.
La amenaza de Hezbolá
Durante décadas, Hezbolá ha construido una formidable plataforma militar que le ha permitido desafiar a Israel y convertir la existencia en el norte del país en una experiencia muy incómoda. Aunque es ampliamente reconocido como una extensión del régimen iraní, este hecho parece tener poca relevancia al momento de formular exigencias dirigidas a Israel.
Las víctimas permanentes de este enredo son los residentes del norte de Israel y aquellos libaneses que se encuentran en la línea de fuego de las represalias israelíes.
Otros frentes de tensión
La situación en Gaza, destruida pero no derrotada, tampoco presenta un panorama alentador. Al negarse a aceptar la derrota y mantener elementos amenazantes y combatientes, Israel se ve obligado a mantener a sus tropas movilizadas y en estado de alerta permanente. Estar en una condición mejor que hace unos meses no equivale a estar bien.
Israel, en una situación ‘mejor que antes’, no puede considerarse en un estado óptimo mientras maneja frentes bélicos activos, frentes diplomáticos hostiles y la presión electoral interna de un país obsesionado con los procesos electorales y, aún más, con las encuestas de opinión que forman parte de la cotidianidad.
Hostilidad global
El fuego incesante no se dirige únicamente contra Israel. También alcanza a las comunidades judías en todo el mundo, independientemente de su ubicación o tamaño. En Londres, los atentados son condenados por las autoridades, y el consuelo de una visita real es apreciado, pero no mitiga el dolor, la frustración y el temor subyacente.
Se señala que el caldo de cultivo para esta hostilidad ha sido preparado y sazonado por las palabras y actitudes de figuras como el primer ministro británico.
En Nueva York, la ciudad que alberga la población judía más numerosa del mundo, se critica al nuevo alcalde por haber emprendido acciones contra Israel y, por extensión, contra los judíos. Los incidentes en sinagogas que realizan actividades en apoyo a Israel o promueven inversiones en el país no han sido suficientes para frenar las manifestaciones de corte violento a sus puertas, las cuales demuestran de facto que, para los manifestantes, no existe diferencia entre lo judío y lo israelí.