Triunfos de la derecha en Sudamérica contrastan con el panorama político mexicano

Tras la victoria electoral del candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella en Colombia y el avance de figuras afines en otros países de la región, el análisis se centra en las escasas posibilidades de un giro político similar en México. La presidenta Claudia Sheinbaum se limitó a comentar que esperará para felicitar al ganador oficial en Colombia.

El panorama sudamericano se inclina

El domingo pasado, Abelardo de la Espriella, conocido como «El Tigre», se impuso en las elecciones presidenciales de Colombia con el 49.66% de los votos, frente al 48.70% de su contendiente Iván Cepeda, en la contienda más cerrada de la historia de ese país. Aunque Cepeda anunció la impugnación de 33,000 mesas, aceptará los resultados definitivos, y el nuevo mandatario asumirá el cargo el próximo 7 de agosto.

Este resultado fue celebrado por figuras como el ex presidente estadounidense Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. El presidente argentino Javier Milei destacó que «el león y el tigre rugen en Latinoamérica», sumando a Colombia a un bloque que incluye a Ecuador y Chile. En Perú, Keiko Fujimori también aventaja a su rival y podría ser proclamada presidenta electa en julio.

Las razones históricas de la diferencia mexicana

Frente a esta tendencia regional, muchos se cuestionan si México podría seguir el mismo camino. La respuesta, según el análisis presentado, es negativa, y la explicación se encuentra en la historia política de cada nación.

Países como Colombia, Argentina y Chile tienen en su memoria décadas de gobiernos conservadores, dictaduras y experiencias promercado, lo que ha permitido a sus electorados oscilar entre la izquierda y la derecha sin mayores conflictos.

En cambio, en México, la identidad de derecha fue durante décadas una etiqueta tóxica y minoritaria. El régimen posrevolucionario construyó su legitimidad durante 70 años en oposición explícita a «la derecha». Incluso cuando el PAN llegó al poder con Vicente Fox y Felipe Calderón, lo hizo presentándose como una alternancia democrática, no como una revolución ideológica de derecha.

Los déficits de la oposición mexicana

La oposición en México enfrenta un triple déficit: carece de un proyecto político cohesionado, de territorio y de una cultura política que se defina abiertamente como de derecha. Partidos como el PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano subsisten con presupuesto y algunos cargos, pero están desgastados y sin una narrativa común.

Morena, por su parte, gobierna la mayoría de los estados y ocupa gran parte de la estructura territorial que antes pertenecía al PRI. Mientras tanto, los nuevos intentos por conformar una derecha, como los partidos Vida y Somos México, aguardan la resolución del INE sobre su registro este jueves.

Un futuro con escenarios limitados

Se plantean tres posibles escenarios para las elecciones de 2030: una derecha reagrupada en el PAN y MC con un candidato competitivo si la economía o la seguridad colapsan; una ultraderecha con registro propio y liderazgo carismático al estilo Trump, que capitalice el enojo social; o una figura ajena a la política, del ámbito empresarial o mediático, que use un partido existente como plataforma.

Sin embargo, los tres escenarios comparten una limitación fundamental: la falta de una estructura territorial sólida y la dificultad para convencer a un electorado que nunca se ha sentido gobernado por una derecha explícita. En un país con memoria de guerras cristeras y un Estado laico fuerte, una derecha abiertamente religiosa tiene pocas opciones de crecimiento. El votante conservador mexicano suele preferir el orden y los programas sociales sin asumirse como derechista, lo que complica la construcción de una identidad política propia.

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