La Guardia Civil de España ha ampliado sus funciones en las zonas rurales más despobladas, donde su presencia no solo previene delitos sino que también detecta situaciones de soledad y vulnerabilidad entre las personas mayores que viven solas.
Un plan que evolucionó hacia el apoyo social
Originalmente creado por el Ministerio del Interior para prevenir robos y estafas a través de charlas, el Plan Mayor ha ido más allá de su objetivo inicial, especialmente en los pueblos con menor población. Agentes como el sargento Francisco Jesús del Hierro, del puesto de Frómista, y Nieves Plaza, destinada en Amusco (Palencia), son ejemplos de este trabajo.
La prevención sigue siendo una parte fundamental, pero ahora también identifican casos de vulnerabilidad. Para ello, mantienen una coordinación constante con farmacias, Centros de Acción Social (CEAS), médicos, ayuntamientos y entidades como Cruz Roja.
«Tenemos un protocolo con el Colegio de Farmacéuticos y si detectan que una persona empieza a presentar algún deterioro cognitivo nos lo comunican para estar pendientes de ella», señala la agente Nieves Plaza.
La importancia del contacto cercano y la red vecinal
El sargento Del Hierro, cuyo puesto atiende a nueve municipios con unos 1.600 habitantes, destaca el conocimiento personalizado. «Les conocemos personalmente a todos. Sabemos quién vive solo y qué problemas tiene. El contacto es muy cercano», sostiene.
Este seguimiento genera una sensación de seguridad entre los vecinos. Concha Gallardo, de 81 años y alcaldesa de Támara de Campos, un pueblo de 74 habitantes, afirma sentirse protegida y con frecuencia solicita que la patrulla recorra la localidad.
«Ya conocemos el sonido del coche y desde la cama ya sabemos si es un mangante o es la guardia civil, y eso nos tranquiliza», puntualiza Gallardo.
Los agentes reconocen que los vecinos, panaderos o farmacéuticos son figuras clave para detectar señales de alarma, como cuando alguien deja de realizar sus actividades cotidianas.
Protocolos de actuación y problemáticas específicas
Cuando una persiana permanece bajada demasiado tiempo, se activa un protocolo que incluye contactar al alcalde y luego a la familia. También ofrecen recomendaciones para prevenir desapariciones, aconsejando a las personas mayores que salgan siempre por los mismos recorridos y lleven su teléfono móvil.
Entre las amenazas que más preocupan en estas zonas se encuentra el llamado «abrazo cariñoso», una técnica donde los delincuentes abrazan a las víctimas para robarles sus joyas. En las charlas del Plan Mayor se enseña a identificar y denunciar este tipo de situaciones.
«Les damos herramientas, pero también tranquilidad porque se ponen muy nerviosos», explican los agentes.
La alcaldesa Concha Gallardo relata un caso donde la intervención fue crucial: un hombre desorientado que apareció caminando por Támara había salido de una residencia en Frómista. La llamada a la Guardia Civil, en ese caso, le salvó la vida.