El Museo de Literatura Moderna de Kanagawa lleva a cabo una muestra especial para celebrar los cien años del nacimiento de Kako Satoshi (1926-2018), figura clave de la literatura infantil japonesa. La exhibición reúne 250 piezas que recorren la trayectoria del autor de obras icónicas como la serie Daruma-chan y La panadería de los cuervos.
La muestra, que estará disponible hasta el 23 de septiembre de 2026, ofrece a los asistentes un vistazo detallado a la evolución creativa del artista, permitiendo comparar bocetos preliminares con las ilustraciones finales de sus libros más emblemáticos.
El legado de Daruma-chan y la influencia del folklore
El personaje principal de su obra más reconocida, Daruma-chan, es una interpretación infantil del muñeco de la suerte japonés conocido como daruma. En sus historias, este pequeño personaje interactúa con figuras del folklore nipón, tales como el tengu o la deidad del trueno Kaminari. Según Suzuki Mari, la hija mayor del autor, la esencia de Daruma-chan surgió de la observación de los múltiples niños con los que el escritor convivió a lo largo de su vida.
Uno de los puntos destacados de la exposición es la sección dedicada a las piezas originales de Daruma-chan to Tengu-chan. En este espacio, los visitantes pueden observar la precisión técnica de Kako, como el cuidadoso ajuste de las alturas en sus dibujos para lograr la alineación visual entre los personajes.
De la labor social al éxito editorial
La carrera de Kako Satoshi no comenzó directamente en las editoriales, sino a través del contacto humano en la posguerra. Mientras estudiaba química en la Universidad de Tokio, participó en actividades de apoyo comunitario en la ciudad de Kawasaki. En estas jornadas, utilizaba el kamishibai —un formato de cuentacuentos con láminas ilustradas— para entretener y educar a niños, muchos de ellos huérfanos debido al conflicto bélico.
Esta etapa de servicio social fue la semilla de su carrera profesional. En 1959 hizo su debut como autor infantil tras captar la atención de un editor, gracias a la sensibilidad que desarrolló al escuchar y dibujar las vivencias de la infancia en contextos de vulnerabilidad.
Ciencia, paz y un mensaje de pensamiento crítico
Más allá de la fantasía, el autor también exploró la divulgación científica para niños con títulos como El río o El ser humano. Su hija, Suzuki Mari, señala que su padre veía la ciencia no como un conjunto de fórmulas, sino como la capacidad de descubrir la esencia de las cosas, una cualidad que consideraba natural en la honestidad de los niños.
Un aspecto profundo de su obra es la postura crítica frente al militarismo. Tras vivir la derrota de Japón, Kako Satoshi dedicó parte de su producción a fomentar que las nuevas generaciones no aceptaran ciegamente las órdenes de los adultos, sino que desarrollaran un criterio propio. En un texto publicado en 2015, el autor fue tajante respecto a los conflictos bélicos:
«Solo los dirigentes más ineptos intentan resolver las disputas entre países a través de la guerra. Ganen o pierdan, los que más sufren son los débiles y los pobres de ambos países. Debemos ser conscientes de que los sectores que aúpan a este tipo de líderes son aquellos que buscan lucrarse con la guerra y expandir su hegemonía, mientras siguen haciendo todo tipo de maniobras por el mundo para llenarse los bolsillos».
La exposición cierra con una invitación a la reflexión, entregando a los visitantes tarjetas con frases de su autobiografía, bajo el lema que define su visión de la vida: vivir es una verdadera alegría.