En el marco de un seminario celebrado en Madrid, la especialista en historia indígena mesoamericana, Andrea Martínez Baracs, desafió visiones tradicionales sobre el papel de Tlaxcala durante la conquista de México. Participante en el evento «Tlaxcaltecas y españoles: un encuentro que marcó la historia (siglos XVI y XVII)», organizado en Casa de América, la investigadora destacó cómo los registros históricos del siglo XVI permiten entender a los tlaxcaltecas no como sometidos, sino como actores políticos clave.
Dedicada desde hace décadas al estudio de fuentes en náhuatl y documentos coloniales, Martínez Baracs ha centrado su trabajo en recuperar la voz de los pueblos originarios. Su formación académica, con doctorado por el Colegio de México, la ha posicionado como una de las referencias en la reinterpretación de Tlaxcala, cuya figura histórica ha estado marcada por el estigma de la traición en el discurso nacional.
Reconstrucción desde las fuentes indígenas
Un cambio fundamental en los estudios sobre Tlaxcala se produjo entre 1980 y 2000, gracias a la publicación de documentos que hasta entonces habían permanecido en segundo plano. Entre ellos figuran actas del ayuntamiento indígena del siglo XVI, traducidas al español, así como escritos de Diego Muñoz Camargo, cronista mestizo tlaxcalteca, y otros materiales inéditos promovidos durante el gobierno de Beatriz Paredes.
Estas fuentes permitieron a los propios tlaxcaltecas del siglo XVI definirse con una frase que la historiadora considera fundamental:
«Nosotros no somos conquistados, somos conquistadores, y nuestra alianza con la corona española es sólida y nos dio importantes privilegios»
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Un debate transatlántico sobre la conquista
Actualmente, el análisis histórico vuelve una y otra vez sobre las alianzas entre pueblos indígenas y españoles. Martínez Baracs señala que ciertos estudios recientes en Estados Unidos han ido más allá de desmantelar la vieja narrativa eurocéntrica, llegando a afirmar que la conquista fue principalmente un asunto entre pueblos indígenas. Sin embargo, advierte sobre los peligros de minimizar el rol central de los españoles.
Recuerda que, desde 1843, William H. Prescott ya había descrito el proceso como una guerra entre indígenas aliados de Cortés e indígenas defensores de Tenochtitlan. Pese a ello, insiste en que los agentes de la victoria española y la subsecuente colonización fueron los españoles, sobre todo en procesos como la conquista de Guatemala, donde muchos indígenas mexicanos actuaron en situación de subordinación o esclavitud.
El peso estratégico de Tlaxcala en la caída de Tenochtitlan
Respecto al aporte tlaxcalteca en la caída de la capital mexica, la historiadora es clara: «Nunca sabremos qué hubiera pasado sin el sustancial apoyo de los tlaxcaltecas y otros pueblos a los españoles durante la conquista de México». Destaca que los tlaxcaltecas rescataron a las tropas de Cortés tras la Noche Triste, construyeron los bergantines necesarios para el asedio de la ciudad lacustre, aportaron soldados, alimentos y conocimiento detallado del entramado político del Altiplano Central.
También reconoce la habilidad diplomática de Hernán Cortés, quien aprovechó las tensiones entre los pueblos indígenas para establecer alianzas ofreciendo beneficios específicos a cambio de lealtad, en un contexto de fragmentación política donde muchos grupos preferían el pacto con los europeos antes que con el dominio tenochca.
Autonomía indígena en el sistema virreinal
La alianza consolidada tras la conquista trajo consecuencias duraderas. Durante el virreinato, muchos pueblos indígenas lograron cierta autonomía política y reconocimientos institucionales. Tlaxcala fue uno de los casos más sobresalientes, aunque no el único.
Según Martínez Baracs, diversas comunidades organizadas en repúblicas indígenas contaron con tribunales propios, derechos colectivos y prerrogativas que, paradójicamente, se fueron desmantelando tras la independencia de México. Este modelo de reconocimiento mutuo, basado en acuerdos entre la Corona y los pueblos aliados, ofrece hoy reflexiones valiosas sobre ciudadanía y justicia histórica en América Latina.
Entre la agencia y la violencia colonial
La historiadora enfatiza que reconocer la agencia política de Tlaxcala no implica ignorar la violencia extrema del proceso conquistador. Andrea Martínez Baracs insiste en que ver a Tlaxcala como actor autónomo no significa negar la brutalidad de la conquista: hubo masacres, esclavitud y explotación forzada. Lo que propone es una mirada más matizada, capaz de distinguir entre la acción de élites indígenas y las estructuras imperiales, así como entre diferentes modelos coloniales.
En este sentido, subraya que, a diferencia de los imperios británico o belga, el sistema español desarrolló tempranamente un marco jurídico que reconocía derechos a los pueblos conquistados. De ahí surgieron normativas como las Leyes Nuevas de 1542, que, en su opinión, evitaron una esclavización masiva en América como la ocurrida en África.
De la “traición” a la estrategia política
La etiqueta de “traidores”, impuesta por la historiografía nacionalista, ignora que muchas comunidades indígenas optaron por alianzas con los españoles. Además, recuerda que Tlaxcala combatió durante años a los invasores antes de decidir pactar. Su elección estratégica fue convertir la alianza con la Corona en una herramienta para asegurar un lugar privilegiado en el nuevo orden político, contribuyendo a un sistema de gobierno en buena medida consensual.
Sobre la frase de la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, «sin Tlaxcala no hay México», la historiadora la considera válida si se entiende en su contexto histórico, sin reducirla a una consigna simplista.
Democratización del conocimiento histórico
Más allá de la investigación académica, Martínez Baracs ha impulsado el acceso abierto al patrimonio documental. Fundadora de la Biblioteca Digital Mexicana, su objetivo fue facilitar el acceso gratuito a materiales históricos poco conocidos, como códices, cronistas y documentos de archivo. Hoy, instituciones en México y España continúan publicando en línea piezas fundamentales de la historia indígena y colonial, transformando la forma en que las nuevas generaciones de investigadores abordan el pasado.
No obstante, advierte sobre una paradoja: la abundancia de fuentes digitales ha generado desorientación en algunos jóvenes historiadores, quienes no saben por dónde seguir. El reto actual, dice, no es solo acceder al archivo, sino elegir los documentos con imaginación, evitando caminos ya recorridos y escuchando, una vez más, a Tlaxcala en sus propios términos.