Un informe elaborado por la Unidad de Investigaciones Especiales del Centro Católico Multimedial revela que desde 2012, 32 sacerdotes han sido asesinados en México, en un contexto de creciente violencia contra figuras religiosas e instituciones eclesiásticas. Este fenómeno, calificado como una «crisis oculta e impune», ha ido en aumento durante los tres últimos sexenios presidenciales.
Una dimensión estratégica de la violencia
El documento, titulado Informe sobre la incidencia de violencia en contra de sacerdotes e instituciones de la Iglesia católica en México, detalla que durante el gobierno de Enrique Peña Nieto fueron asesinados 19 sacerdotes; bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, la cifra ascendió a 10; y desde que Claudia Sheinbaum asumió la presidencia en octubre de 2024, ya suman 3 ministerios de culto privados de la vida.
Además de los crímenes consumados, el reporte menciona que tres sacerdotes permanecen desaparecidos. La agresión no se limita al clero: también han sido víctimas obispos, religiosos, seminaristas y laicos.
Templos bajo asedio
En los últimos siete años, los ataques a templos católicos han alcanzado niveles descritos como «alarmantes». El informe señala que la profanación de lugares de culto no solo vulnera lo sagrado, sino que evidencia una profunda crisis social y de seguridad nacional.
- Actualmente ocurren entre 26 y 28 incidentes semanales en alguno de los 30 mil templos del país.
- Esto representa un incremento de casi siete veces frente a los 4 incidentes reportados semanalmente en los años 90.
- El 12% de los templos sufre al menos un ataque al año.
Del total de ataques, el 84% corresponden a robos, el 10% a agresiones (algunas con armas de fuego) y el 6% a profanaciones de sagrarios o imágenes religiosas.
Impunidad y narcogobiernos
«La violencia contra lo sagrado fue por mucho tiempo una crisis oculta», señalan los autores del estudio, Sergio Omar Sotelo Aguilar y Guillermo Gazanini Espinoza, «hoy aflora impune ante nuestros ojos». Denuncian que el crimen organizado percibe a las iglesias como objetivos fáciles, en un contexto de abandono por parte de un Estado laico que, pese a su obligación constitucional, no protege la libertad religiosa.
«El crimen organizado, el narcotráfico y la delincuencia común ven en las iglesias blancos fáciles, desprotegidos por un Estado laico que, irónicamente, es responsable de garantizar la libertad religiosa».
Los investigadores explican que los sacerdotes son atacados porque actúan como «estabilizadores sociales» en comunidades marginadas, donde su presencia obstaculiza el control que buscan imponer los grupos delictivos mediante el miedo y la intimidación.
Una estrategia de terror
El informe describe cómo los cárteles del narcotráfico utilizan los asesinatos de religiosos como parte de una estrategia calculada para instaurar lo que denominan «narcogobiernos»: estructuras paralelas de poder que llenan el vacío dejado por el Estado. Estos actos buscan fomentar una «cultura de silencio y terror», condiciones que alimentan la impunidad, estimada en un 80% en ciertas regiones del país.
«La violencia contra la Iglesia católica en México ha alcanzado una dimensión estratégica y persistente que trasciende la delincuencia común, revelando un vacío de poder estatal».