La celebración oficial del aniversario del 9 de Julio en el Teatro Odeón de Concordia estuvo marcada por la exclusión de los trabajadores despedidos por el municipio local, quienes se manifestaban en el exterior del recinto. Una valla policial impidió el acceso a la gala a los casi 400 empleados que perdieron su empleo, en una ciudad que figura entre las más empobrecidas del país.
La situación de los despedidos, a quienes se les terminó su relación laboral, refleja una precarización que se arrastra desde hace tiempo. Las familias afectadas no ven solución en los detalles administrativos que el gobierno local menciona, pues en la práctica no resuelven la falta de ingresos. La vulnerabilidad de estos trabajadores los convierte en víctimas de una doble injusticia: el despido y la precariedad histórica.
Críticas a las formas, no al fondo
Un dato que llama la atención es que, a diferencia de ocasiones anteriores, no se ha visto un regodeo masivo con los despidos. Incluso un partido vecinal aliado al oficialismo y un exfuncionario municipal pidieron «, «respeto y humanidad» : «para los trabajadores afectados. Sin embargo, estas voces no cuestionaron las desvinculaciones en sí mismas, que dejan a cientos de familias en la pobreza, sino la forma en que se realizaron, en muchos casos mediante un mensaje de WhatsApp. Para el columnista, no criticar los despidos sino solo sus formas es un acto de cinismo, aunque también revela que el morbo y la crueldad ya no divierten a buena parte de la población como antes.
El autor cita a Luis Ignacio García, quien señala que el gobierno de Javier Milei ha logrado articular austeridad y goce, dos conceptos incompatibles. García sostiene que el ajuste se ha radicalizado y convertido en un motivo de goce colectivo, simbolizado por la motosierra. Mostrar el despido de miles de trabajadores como un trofeo político instituye un clima de época regido por la crueldad y el goce que esa crueldad puede ofrecer a escala masiva.
La cultura de la crueldad en crisis
El columnista sugiere que la cultura de la crueldad, alimentada por los efectos de la pandemia y un relato de austeridad que hoy parece menos creíble, podría estar comenzando a agotarse. El daño al mercado interno por los despidos masivos en una ciudad económicamente devastada, el aumento del desempleo, la pobreza y el hambre, así como la destrucción de la salud y la educación, están dejando al descubierto las falacias que antes eran argumentos convincentes.
En este contexto, la gente canaliza sus tensiones a través del sufrimiento compartido por los triunfos agónicos de la selección de fútbol, una metáfora del drama argentino: puro sufrimiento para sobrevivir. El columnista concluye que esa alegría merece ser festejada por el sufrido pueblo.